A Propósito de la Ley de Arizona, SB 1070

A propósito de la cuasi genocida Ley de Arizona, considero muy importante apoyar a nuestros hermanos nicaragüenses y latinoamericanos; exiliados de sus patrias por lo que representa otra de las formas de exclusión del actual orden establecido. Así, esta entrada se centrará en demostrar como las Remesas Familiares representan un flujo de capital más importante que las Inversiones Extranjeras Directas (IED); tomando en cuenta que el nuevo modelo económico establecido a partir de 1990 glorificó a estas últimas como la panacea del desarrollo, mientras millones de compatriotas eran expulsados lejos de su hogar.

Para empezar, extraigo este fragmento del sociólogo Oscar René Vargas[1], “Cuatro factores explican la importancia de la trascendencia de las remesas para Nicaragua: 1) la cantidad de dinero que representa; 2) la estabilidad y el crecimiento de los flujos de capital en el tiempo; 3) su impacto directo y positivo para la equidad social, para contrarrestar las enormes disparidades de ingreso y riqueza; 4) no crean obligaciones financieras para el futuro.”

La teoría económica neoclásica afirma que la Inversión Extranjera Directa (IED) tiene el potencial de generar empleo, aumentar la productividad, transferir conocimientos especializados y tecnología; aumentar las exportaciones y contribuir al desarrollo económico a largo plazo de los países en desarrollo de todo el mundo. Sin embargo, esto es solamente cuando los flujos de inversión se ocupan para incrementar los activos productivos y generar empleos de mejor calidad; y no cuando se ocupan para comprar activos productivos ya existentes como ocurrió en Nicaragua en la década de 1990. Así, la IED debería de diferenciarse de la mera compra de capital ya existente.

Nicaragua tiene numerosas leyes de incentivos para sectores prioritarios como los son las leyes de incentives turísticos y para zonas francas (ley utilizada para Manufactura Ligera y para Call Centers). Los principales inversores en Nicaragua en los últimos años han provenido de Estados Unidos, México, España y el Salvador. En los últimos años la estrategia de atracción de IED se ha concentrado en 5 áreas: Zonas Francas, Comercio, Telecomunicaciones, Energía, y Servicios Financieros. 

Por su parte, las remesas familiares desde 1998 representan un mayor flujo de capital que las Inversiones Extranjeras Directas. En 1998 Nicaragua obtuvo oficialmente US$200 millones en concepto de remesas; y US$195 millones en concepto de IED. En 2009, el flujo de remesas fue de US768 millones (12.5% del PIB), y el flujo de IED fue de tan sólo US$434 millones (1.2% del PIB). Para ver la relación de ambos flujos de capital con el crecimiento económico de Nicaragua, a continuación se presenta una salida en sttata de las correlaciones de las tasas de crecimiento de las 3 variables mencionadas.

Como se observa, existe una mayor asociación lineal entre el crecimiento de las remesas familiares y el crecimiento de nuestra economía, al presentar ambas variables un coeficiente de correlación de 0.66; mientras el coeficiente de correlación del crecimiento del PIB y el crecimiento de las IED es solamente de 0.42. Esta relación también se evidencia, aunque de forma más tenue, en la siguiente gráfica. Esta asociación lineal se explica en gran parte por el mayor flujo de remesas provenientes de Estados Unidos, el principal destino de nuestro arrastre económico agro-exportador.

Al revelarse la vital importancia de las remesas de los nicaragüenses en el exterior, urge la necesidad de reorientar recursos y energía[2] para defender sus libertades y derechos humanos, ante una Ley tan racista y tan poco humana. Esta Ley, no sólo limitaría el flujo de capital recibido por miles de familias pobres de Nicaragua y Latinoamérica, sino que representa una nueva grieta en un imperio que se aleja cada vez más de sus días de gloria.


[1] Vargas, Oscar René, Nicaragua Sobrevive de las Remesas. El Nuevo Diario (22 de julio de 2005).

[2] En este sentido también habría que analizar la posibilidad de establecer un instituto que capacite a los receptores de remesas en cuanto a el destino final de estos flujos. Es decir, un Instituto que promueva la inversión de estos recursos, reduciendo el elevado porcentaje de estos mismos que se destina al consumo.

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